El chico permanecía constantemente en la ventana de su habitación, su mirada fija sobre la abultada saliente que hacia mas de un mes apareció de repente en el jardín, lo hacía ver como si no estuviera allí, no dormía lo que consideraba necesario para su edad y apenas terminaba una de las comidas del día para luego regresar a su ininterrumpida vigilancia.
La lluvia desafiaba al pequeño caserío hacia dos días atrás, pero ni la
tempestuosa llegada de truenos y relámpagos lo detenían, no quería darse por vencido y demostrar que estaba equivocado, su nueva obsesión ya le había hecho enemistarse con sus mejores amigos y no planeaba que dicho sacrificio haya sido en vano. Se amontonaban tras de él no solo recuerdos, gran cantidad de tarea sin realizar decoraba su escritorio, cuadernos y libros junto a hojas de diversos tamaños y colores, su aprendizaje era al igual que otras cosas una labor secundaria al anteponerse el espionaje de la llamativa saliente.
La lluvia desafiaba al pequeño caserío hacia dos días atrás, pero ni la
tempestuosa llegada de truenos y relámpagos lo detenían, no quería darse por vencido y demostrar que estaba equivocado, su nueva obsesión ya le había hecho enemistarse con sus mejores amigos y no planeaba que dicho sacrificio haya sido en vano. Se amontonaban tras de él no solo recuerdos, gran cantidad de tarea sin realizar decoraba su escritorio, cuadernos y libros junto a hojas de diversos tamaños y colores, su aprendizaje era al igual que otras cosas una labor secundaria al anteponerse el espionaje de la llamativa saliente.
Recordaba claramente aquella tarde en que se acerco a la ventana en búsqueda de un respiro, hacia su trabajo semanal de matemáticas que agotaba una buena dosis de paciencia y tiempo al no ser el mejor estudiante de dicha asignatura, alejado ya de los temibles números respiro más de una bocanada de aire, al tiempo que cerraba sus ojos, preparándolos para la maravillosa vista por la cual escogió esa habitación de las demás, intentaba recrear en lo más profundo de su mente los posibles detalles que podrían estar en el esplendoroso paisaje, hasta que casi cae al suelo, logro sostenerse de la ventana al tiempo que el crujir de la tierra le ensordecía, todo a su alrededor caía desde los libros a sus ya olvidados juguetes, el mundo se puso de cabeza al tiempo que los gritos proferidos por sus familiares se elevaban hasta su habitación, el inquietante suceso duro un poco más de dos minutos, en los cuales el chico se quedaría en el suelo a la espera de que todo eso terminara y fue cuando al levantarse hallo la protuberancia que yacía en su patio, de gran tamaño y que enseñaba una cobertura de piedra café y negra coronada por una meseta de verde pasto, como si la tierra se hubiera roto, la saliente estaba rodeada por un pequeño pero oscuro precipicio.
Se arremolinaban sobre él un sin número de negruzcas nubes que habían decidido unirse a sus hermanas para hacer de esa tormenta una verdadera tempestad, pero el chico les guiñaba al tiempo que la voluminosidad de las gotas aumentaba, pero lo que tanto ansiaba llegaría en ese momento, de las profundidades de la tierra se dispararía un luminoso rayo de color rojo intenso que ocultaba la saliente y se perdía en la inmensidad del cielo, capaz de romper a las traviesas nubes, el escarlata destello aceleraba su paso enrojeciendo la lluvia que caía llamando la atención de todos los que estaban cerca de allí.
En pocos segundos el muchacho se acerco al impactante espectáculo que se alzaba en su patio trasero, acerco temerosamente su mano a la luz, pero no sucedió nada, lo único que estaba fuera del lugar era un extraño calor que expedía la apertura en la tierra, lo cual contrastaba con la incesante lluvia, los alaridos además eran más fuertes y la conglomeración de gente iba en aumento, era lo que con ansias había esperado y estaba allí para vivirlo.

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