Con una cerveza Águila en una mano, un radio transmitiendo vallenato, y la pipa rojiza, peluda y escatológicamente diseñada, un personaje común (sólamente basta verlo transitar en todas las calles de todas las urbanizaciones y asentamientos rurales del país) vocifera opiniones sobre temas de los que no tiene ni la más mínima idea. "¡Que viva Uribe y los que no lo apoyen son unos mamertos guerrilleros comunistoides!", mientras su lastimado hígado sufre las consecuencias del subdesarrollo en donde nació, y del cual es parte activa.
Me he preguntado en muchas ocasiones, del por qué la gente opina sobre temas en donde no conoce sino lo que le dicen los medios de (des)información, y temas de los que no tienen ningún conocimiento "en abstracto". Si bien algunos autores epistemológicos sugieren al empirismo como fuente del conocimiento, resulta imposible opinar de ciertas situaciones, simplemente basándose en la experiencia física.
Para explicar mejor esta situación, sólamente bastaría con poner un ejemplo, en el que en un debate filosófico de la época de Kant, un individuo intentase refutar sus ideas, diciéndole que era un "enano maricón". Este error silogístico se conoce como la "Falacia Ad Hominem", y tiene este orden:
A afirma B;
Hay algo cuestionable acerca de A,
Por tanto, B es falso.
En la mayoría de los casos, utilizar este tipo de falacia solamente evidencia en la persona que la dice, una carencia de conocimiento y de análisis, y automáticamente la haría perdedora del debate en el que esté participando (sin esto querer decir necesariamente que la persona que ganó el debate tenga la razón).
¿Por qué la política (que está incluso incorporada a una ciencia: la politología) se discute en este país y en casi todos los países subdesarrollados e incluso desarrollados, como si fuese una pelea de gallos?.
Por supuesto, en Colombia han existido y existen grandes políticos, como el ex-senador Edgar Perea, cuya labor y lucidez intelectual lo hizo merecedor de su alto cargo (demostrando así la gran meritocracia que existe en Colombia); el senador Carlos Moreno de Caro, cuya seriedad, conocimiento politológico, grandes análisis en busca siempre de la resolución de problemas sociales, han sido también causantes del alto cargo que alguna vez ostentó; y más actualmente, Faustino Asprilla, el gran pensador multifacético, que ha decidido lanzarse al Senado de la República, por supuesto, a representar con gallardía y filantropía al país, así como lo ha hecho durante todos sus años de existencia, con acciones altruistas como pagarle millonarias sumas de dinero a su hijo para la alimentación cuando sólamente debería pagarle lo exigido por la ley, hacer campañas en contra de las armas bélicas, la lectura, y promover un renacimiento de la filosofía, esta vez desde Colombia.
Por supuesto exhorto a la gente para que la sincretización perfecta entre el pensamiento progresista de Gaitán y de Turbay, y el pensamiento tradicionalista, filantrópico y elegante de Álvaro Gómez Hurtado, enaltezca ese gran templo de la patria, de la que sus padres son acusados injustamente por sus supuestos y sin duda, falsos vínculos con grupos como los Artesanos Unidos de Colombia.

3 comentarios:
jejeje faustino...
felicidades, muy bueno el artículo...
Cuando se habla de política en Colombia, generalmente se hace a punta de falacias.
Por ejemplo, eso de que "los que no lo apoyen [a Uribe] son unos mamertos guerrilleros comunistoides" (y equivalentes) es un argumento bastante común en la gente. O sea que la democracia no existe en Colombia, ni el derecho a pensar diferente, porque estar en desacuerdo con un bando automáticamente implica estar en el justamente opuesto (sin importar si es ilegal, ni si hay miles de posibilidades distintas a esas dos corrientes de pensamiento).
Vamos bien.
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