
Una de mis lecturas favoritas han sido siempre los documentos papales. Esto puede parecer extraño a muchos, y no les culpo por ello; la verdad es que hoy en día ya nadie hace caso de esos textos. Sin embargo es una lectura que encuentro sumamente interesante, y no sólo por mi condición de católico sino también porque estos hombres que detentan semejante cargo (creo yo que es el cargo más importante y trascendente del mundo) poseen una sabiduría inigualable para tratar los temas que abordan y se pasan la vida entera escribiendo cientos y en ocasiones hasta miles de páginas buscando con ello ser guías en las cosas divinas pero también en las humanas.
Precisamente respecto de las cosas humanas he hallado entre la bibliografía de que dispongo un texto que corresponde al radiomensaje de navidad de 1944 de su santidad el Papa Pio XII. En dicho texto el santo padre abordaba el tema que constituye el título de este artículo y se preguntaba por las diferencias entre pueblo y masa amorfa. No dejan de ser sumamente ilustrativas las enseñanzas del Papa, razón por la cual ofrezco aquí un brevísimo resumen:
Pueblo y multitud amorfa o, como suele decirse, masa, son dos conceptos diferentes.
1.- El pueblo vive y se mueve con vida propia: la masa es de por sí inerte y no puede ser movida sino desde fuera.
2.- El pueblo vive de la plenitud de vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuales —en su propio puesto y a su manera— es una persona consciente de sus propias responsabilidades y convicciones. La masa, por el contrario, espera el impulso del exterior, fácil juguete en las manos de cualquiera que sepa manejar sus instintos o sus impresiones, pronta para seguir alternadamente hoy esta bandera, mañana aquella otra.
3.- De la exuberancia de vida de un verdadero pueblo, la vida se esparce, abundante y rica, por el Estado y por todos sus órganos, infundiendo en ellos, con vigor incesantemente renovado, la conciencia de su ‘propia responsabilidad, el verdadero sentido del bien común. Sin embargo, de la fuerza elemental de la masa, manejada y aprovechada con habilidad, puede servirse también el Estado: en las manos ambiciosas de uno solo o de muchos, agrupados artificialmente por tendencias egoístas, el propio Estado —con la ayuda de la masa, reducida a simple máquina— puede imponer su capricho a la parte mejor del verdadero pueblo: el interés común queda así golpeado gravemente durante largo tiempo, y la herida es con frecuencia muy difícil de curar.
Fijémonos en el número uno. Es como si dijéramos que una cosa es un pueblo con vida propia, con consciencia de su ser, de su pasado, de su presente y de su futuro; y otra muy distinta un pueblo que no sea más que un grupo de borregos sin voluntad, movidos por el capricho de unos pocos, hombres y mujeres en quienes toda actitud racional y reflexiva brillan por su total ausencia; personas a quienes, como diría el protagonista de “V de venganza”, les han sorbido el sentido común y se limitan a guardar silencio y a entregar su libertad a cambio de unas míseras migajas.
No es de extrañar que el santo padre afirme que la masa es la enemiga capital de una democracia. Sólo un pueblo, como tal, puede construir una democracia. Quizá sea esa la razón de fondo que explica el desastre de nuestras democracias actuales. No hay pueblo, y abunda la masa. O como diría un amigo: “abunda el proletariado intelectual”. Claro que no abogamos aquí por que todos sean sabios para que una democracia funcione. Pero si afirmamos que de la mediocridad actual nunca saldrá nada distinto a lo que tenemos. No se trata de quien sea presidente, o quienes sean sus ministros, ni nada por el estilo, La pregunta clave es de que tipo son los habitantes de ese país, ¿SON MASA O SON PUEBLO?
Muy poco importa quién rija los destinos de un país. Si los habitantes de un país son un verdadero pueblo sus dirigentes no podrán ser otra cosa que benéficos para la nación, y si no lo son seguro no duraran mucho en el poder. Y por otro lado si los habitantes de un país son simple masa las cosas no van a cambiar nunca ni aunque los rija el mejor de los presidentes, de hecho, es muy poco probable que den a luz a un presidente valioso.
Todas estas reflexiones se me han ocurrido a la luz de un pequeño fragmento pontificio, razón de más para seguir adelante con mi saludable costumbre de volver a ellos en mis ratos libres.
Entonces, aterrizando un poco en nuestra realidad nacional, que somos los colombianos ¿PUEBLO O MASA?

4 comentarios:
el comentario está muy interesante, de verdad que los escritos de los Papas no son conocidos y muchas veces tocan temas muy importantes, como este de pueblo o masa. una pregunta :
¿como se puede dejar de ser masa ?
quijote ¿ tienes el texto completo de esa alocución ? serian bueno examinar el texto completo porque si contiene juicios como los que resumes en tu articulo vale la pena tenerlo entero y no solo un resumen.
abrazos
saludos
esto de la diferencia entre masa y pueblo creo que es lo mismo que preguntar por la verdadera y la falsa democracia,¿ o me equivoco ?
¿que es la democracia?
¿somos un país democrático?
Colombia es masa, mientras que existe la miseria y las necesidades... siempre seremos masa.
Publicar un comentario