
CIBEROCRACIA
Quizá podrá el título desorientar a más de uno. Pero la cosa es sencilla, alude tan sólo al predominio, peligrosamente cercano a un auténtico despotismo, de la cultura computacional. La raíz de esta reflexión nos la ha proporcionado un programa de televisión que hace poco veíamos. En dicho programa un par de personajes cómicos se mostraban presas de un desespero y de una agitación tal que alguien se vió impelido por la curiosidad a inquirir la razón de tamaño desasosiego, y la respuesta que obtuvo lo asombró tanto o más que a nosotros mismos: “! ES QUE LLEVAMOS YA DOS HORAS SIN INTERNET ¡”.
Empecemos por un par de aclaraciones necesarias. En primer lugar no defendemos aquí una postura “anti tecnologías”; reconocemos como del todo útiles los evidentísimos adelantos tecnológicos y también las no menos evidentes ventajas que de su prudente uso han resultado y pueden seguir resultando para actividades tan importantes como la pedagogía. Todo esto está fuera de toda discusión y nos apresuramos a reconocerlo con sinceridad. Además porque somos de los que creemos que el instrumento es de suyo neutro y adquiere determinado tinte moral sólo en función del uso a que lo someta el hombre libre. Aclarado lo anterior queremos expresar que al mismo tiempo en que reconocemos sus innegables bondades nos vemos asaltados por angustiosas preocupaciones que muy pocos se atreven a mirar de frente y que para nosotros revisten un carácter claramente nocivo para la persona humana. nos disponemos a enumerarlas sin tener, claro está, pretensiones de exhaustividad.
Esperamos, como siempre, que nuestras humildes reflexiones sean agradables a todos, para nadie dañinas y que todos agradecerán la sinceridad de nuestro empeño.
1) la tecnolatría: es el desorden en la valoración de los artefactos, y una cierta veneración incondicional -no exenta de utopismo- hacia sus capacidades o posibilidades. De hecho la máquina tiende a generar más confianza que el hombre mismo que la ha creado.
Son varios los autores, en especial americanos, quienes se han erigido en profetas de la nueva era “ciberocrática”. Nombro algunos por si desean ampliar el tema buscando en las fuentes: Carlos Conrado Helbling, David Ronfeldt, Winthrop Carty, Percival Denham y Antonio Battro. Estos hombres han anunciado exultantes cosas como la invasión de la “cultura virtual” en la vida diaria; la educación mediante internet, con la consiguiente abolición de la persona física del maestro; la llegada de la “pedagogía cibernética”, concebida como la monopolización de la “formación” humana por medios electrónicos; y un largo y desconcertante etcétera.
En resumen se trata del anuncio triunfal de la llamada “ideología tecnolátrica” con las consabidas lacras de la despersonalización, masificación y abolición universal de todo lo humano. (Una imagen a futuro de algunos de los aspectos que aquí denunciamos se pueden ver en la novela “un mundo feliz” de Aldous Huxley. Cuya lectura, junto a la de “1984” del también británico George Orwell, recomendamos encarecidamente).
Pero a fin de cuentas ¿Dónde está lo malo de las antedichas tendencias? En su raíz, como suele suceder. Se trata del viejo error del determinismo filosófico con su concepción mecanicista del hombre y positivista del conocimiento. De hecho algunos profetas de este nuevo orden no dudan, en medio de la embriaguez de su inminente triunfo, en hablar con total claridad y no vacilan en reemplazar la palabra pedagogía -de nobles connotaciones clásicas- por otras como “tecnemática” o “paidotecnia”, más afines al dominio de la praxis, del cálculo y del instrumento en que están empeñados.
De seguir por este camino cobrarán nuevo sentido aquellas viejas palabras de Thibon cuando veía cercano el advenimiento de la “dictadura de los artefactos”; propia de un hombre programado, considerado funcionalmente en vistas de una inteligencia artificial para una realidad virtual. No podía concebirse mayor adulteración del Orden Natural, ni mayor inversión de valores. Ni por ende mayores y más graves acechanzas contra el acto educativo.
Meditemos pues en lo que significa la masificación del hombre, el hombre masa; la despersonalización, la desaparición del sentido común, pues como con gran acierto lo señalara Giovanni Sartori en su libro “Homo videns: hacia una sociedad teledirigida”, el acto de “Ver” sustituye, reemplaza y obstaculiza el acto del razonar que es precisamente lo que nos hace humanos.
En una siguiente oportunidad les hablaremos de otro aspecto preocupante, la globalización.

1 comentarios:
buenas
que pena no hacer comentado antes esta entrada, empiezo por decir qu ela encuentro sumamente interesante, por favor que el quijote no se tarde en prsentar su trextos sobre la globalizacion.
y ya que tocan este tema de la adiccion a la computadora, no seria bueno tocar el tema de la adiccion al televisor ? porque creo que van de la mano
de todos modos gracias al quijote por estos temas
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